Los acontecimientos hay que presentarlos en el orden cronológico justo, esto no es realmente nada sorprendente.

Me fui a la panadería, compré un panecillo y me lo comí.

Es obvió que no puede ser de otra manera y que esta frase no tiene sentido alguno.

Me lo comí, me compré un panecillo y me fui a la panadería.

Lo que parece algo muy trivial, de hecho no lo es. La cosa se complica, cuando el punto de referencia no es el tiempo en el cual se encuentra el locutor, lo que es el caso normal, sino el tiempo en el cual los acontecimientos se presentan en la mente de alguien, o sea cuando alguien los cuenta o alguien los refleja.

Fíjese en estas frases:

a ) Él dice:"Me fui a la panadería, compré un panecillo y me lo comí."

b) Él dice que se fue a la panadería, compró un panecillo y se lo comió.

c) Él dijo que había ido a la panadería, había comprado un panecillo y se lo había comido.

Lo que hay que comprender es que en estos caso, b) y c), hay una segunda persona, que cuenta lo que otro había contado y que hay que tomar en cuenta el momento en el cual el primero cuenta lo que había pasado o pasa. El ancla en la cronología temporal no es el momento en el cual se encuentra aquel que cuenta lo que el primero había contado antes, sino el momento en el cual se encuentra este primero.

Por eso hay un cambio de tiempo cuando la frase comienza con un indefinido porque en este caso los acontecimientons habían ocurrido antes de ser contados por es segundo y el ancla es el momento en el cual el primero cuenta lo que había pasado. Sin embargo la cosa es más difícil, porque los acontecimientos pueden haber ocurrido antes de ser contados, al mismo tiempo de ser contados o después de ser contados.

antes: Él (Ricardo) dijo que había ido a la panadería, había comprado un panecillo y se lo había comido.

al mismo tiempo: Él (Ricardo) dijo que se iba a la panadería, compraba un panecillo y se lo comía.

después: Él (Ricardo) dijo que se iría a una panadería, compraría un panecillo y se lo comería.

Lo que hay que comprender es que hay una segunda persona, un Juán ficticio, que cuenta lo Ricardo dijo, pero el ancla, alrededor del cual hay que situar los acontecimientos es Ricardo y no Juán.

Lo que hay que comprender es que hay una segunda persona, un Juán ficticio, que cuenta lo Ricardo dijo, pero el ancla, alrededor del cual hay que situar los acontecimientos es Ricardo y no Juán.

Él mismo fenómeno ocurre, cuando los hechos son contados como presentándose en la mente de alguien, porque piensa, sueña, cree etc.

antes: Él (Ricardo) pensó que había ido a la panadería, había comprado un panecillo y se lo había comido.

al mismo tiempo: Él (Ricardo) pensó que se iba a la panadería, compraba un panecillo y se lo comía.

después: Él (Ricardo) pensó que se iría a una panadería, compraría un panecillo y se lo comería.

Él que cuenta lo que Ricardo pensó es nuestro Juán ficticio, pero el ancla es el momento en el cual se encuetra Ricardo y no Juán. Si Ricardo pensó el lunes que el martes iría a la panadería y el miércoles Juan cuenta lo que Ricardo pensó, entonces la acción de ir a la panadería está en el futuro (relevante es el punto de vista de Ricardo) y no en el pasado, porque el punto de vista de Juán es irrelevante.

En español la cosa es bastante complicada, porque el orden cronológico hay que mantenerlo intacto incluso en el caso de que el verbo exija un subjuntivo.

al mismo tiempo / después: Él temía que se fuera a una panadería, comprara un panecillo y se lo comiera.

antes: Él temía que hubiera ido a una panadería, hubiera comprado un panecillo y se lo hubiera comido.

Y hay una segunda cosa que hay que comprender. En los libros de gramática se distingue en general entre el discurso indirecto y la concordancia de los tiempos en general. Esto no tiene ningún sentido y complica la cosa. De hecho el discurso indirecto es nada más que una forma especial de la concordancia de los tiempos en general. En ambos casos hay que respetar el órden cronológico de los hechos y en ambos casos hay que comprender que el ancla es el momento en el cual los hechos fueron contados / imaginados y no el momento en el cual alguien cuenta / se imagina lo que otro había contado / imaginado.